Este artículo pertenece a Las leyes y principios que todo director debe conocer para mejorar la productividad y la calidad en las empresas
Había una vez un empresario llamado Juan que siempre se quejaba de tener mala suerte. Juan era un hombre muy optimista que pensaba que todo saldría bien, pero siempre se encontraba con obstáculos que lo hacían sentir que todo estaba en su contra. Una vez organizó un evento importante para su empresa y, justo en el día del evento, hubo una tormenta que arruinó todo. Otra vez, contrató a un proveedor nuevo y éste terminó entregando un producto defectuoso que le causó grandes pérdidas.
Juan no sabía qué hacer para cambiar su situación. Siempre se lamentaba de lo mal que le iba y se preguntaba por qué siempre le pasaban cosas malas. Un día, mientras estaba sentado en un café, un sabio que lo escuchaba lamentarse se acercó a él y le contó sobre la Ley de Murphy. El sabio le explicó que esta ley establece que si algo puede salir mal, saldrá mal. Juan se sorprendió al escuchar esto, pero el sabio le dijo que no se preocupara, ya que tenía algunos consejos para él:
- Deja de pensar en la mala suerte y enfócate en planificar para los imprevistos.
- Siempre ten un plan de contingencia en caso de que algo salga mal.
- No dejes todo al azar, planifica con detalle.
- Prepara un plan B y C en caso de que el plan A falle.

Como no tenía nada que perder, Juan empezó a aplicar estos consejos y se dio cuenta de que su visión cambió por completo. Empezó a ver las cosas desde otro punto de vista y a planear con más detalle. Cuando organizó otro evento, tuvo en cuenta el clima y preparó un plan B en caso de que lloviera. También empezó a investigar más a fondo a sus proveedores antes de contratarlos y a tener un plan de contingencia en caso de que algo saliera mal con ellos.
Con el tiempo, la empresa de Juan empezó a prosperar y a crecer de manera constante. Juan se dio cuenta de que no era mala suerte lo que lo había estado afectando, sino su falta de previsión y planificación. La Ley de Murphy se convirtió en su aliada y siempre recordaba que si algo podía salir mal, probablemente lo haría, pero él estaba preparado para enfrentarlo.
Y recuerda:
- Siempre tener un plan de contingencia en caso de que algo salga mal.
- No dejar todo al azar y planear con más detalle.
- Tener un plan B y C en caso de que el plan A no funcione.
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